El peligro de estar cuerda (Rosa Montero) VERSIÓN EXTENSA
(Rosa Montero)
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| Portada diseñada por María Elena. Realizada a partir de imágenes libres de derechos de autor, obtenidas de Pixabay y editadas en Photoshop hasta conformar el presente collage digital. |
Introducción
La primera obra que leí de Rosa Montero fue precisamente El peligro de estar cuerda. A ésta, la sucedió Bella y oscura, de un estilo diferente pero igualmente magnífico. Ambas son muy recomendables, aunque la que reseño aquí tiene la particularidad de ser lo que yo llamo una «novela ensayada» o un «ensayo novelado», según se mire.
Como soy consciente de que hay a quienes les gusta leer reseñas, pero no quieren la prosa en verso (que ocupa más), he redactado dos versiones: una más breve, que recoge la esencia del libro, y otra más extensa, para profundizar en las ideas que la autora expone a lo largo de El peligro de estar cuerda.
Así pues, el lector es libre de escoger la versión que prefiera. Quizás, esta reseña más extensa —la que está leyendo ahora— es una buena opción para quien ha acabado el libro. De este modo, el lector no sentirá que se le desvelan partes importantes del mismo (aunque me parece que no hay nada que pueda considerarse un spoiler garrafal).
Argumento (versión extensa)
Para cuando escribí esta reseña, El peligro de estar cuerda era la última obra que Rosa Montero había publicado hasta la fecha. De hecho, la terminé justo a tiempo para la Feria del Libro, antes de que me la firmara el mismo año en que salió. El título y la portada no podrían reflejar de mejor modo la esencia de la novela, pues aquí el «peligro» es exactamente la «normalidad»; al menos, en su estado absoluto.
Sin esas pequeñas peculiaridades que todos tenemos y que, a veces, resultan incluso graciosas, el ser humano correría el riesgo de caer en la monotonía. Afortunadamente para nosotros, como Rosa logra hacernos comprender a lo largo de la novela, la Normalidad con «n» mayúscula no existe, lo que también puede entenderse como que «lo normal» es, precisamente, «lo raro» (lo extraordinario). Por tanto, en su libro, la excepción es la regla, y salirse de los estándares, algo más frecuente de lo que solemos pensar.
Sin embargo, antes de continuar, conviene matizar lo siguiente: El peligro de estar cuerda no pretende romantizar la locura ni presentarla como un motor envidiable que ha impulsado a los genios a crear grandes obras. Asimismo, esta reseña tampoco debe entenderse como un alegato a favor de la locura, sino como una reivindicación de las pequeñas manías que todos tenemos y que, dada su inofensividad, distan mucho de ser los trastornos mentales graves a los que el libro también alude.
Abordar el «ensayo novelado» de Rosa Montero bajo una óptica distinta nos convertiría en Brandon, el joven de La soga; una película de Hitchcock en la que el asesino, después de interpretar muy erróneamente las palabras de su profesor, se envalentona para matar.
La poetisa estadounidense que inspiró a Rosa Montero
El peligro de estar cuerda toma su nombre de este magnífico poema de Emily Dickinson:
Yo creo que fui Encantada
Cuando por primera vez
Niña sombría
Leí a aquella Dama Extranjera
Lo Oscuro — sentí Hermoso [...]
Fue una Divina Insania
Si el Peligro de estar cuerda
Volviera yo a experimentar
Es Antídoto el volverse —
Hacia Tomos de Sólida Brujería
En estos versos, la poetisa norteamericana Emily Dickinson expresa la sacudida emocional que experimentó cuando descubrió a Elizabeth Barret Browning, cuyos textos y cuya figura le sirvieron de inspiración, y le infundieron el ánimo que necesitaba para escribir por su cuenta.
Como se desprende del poema, la «Insania» es un estado «Divino» que se puede alcanzar a través de la lectura y la escritura. A mi entender, Emily enfatiza que las realidades más oscuras suscitan las emociones más hermosas cuando los eventos se han descrito de cierta manera, utilizando para ello determinadas palabras. Por eso, al escribir y al leer lo que se escribe, es posible sentir «"Hermoso" "Lo Oscuro"». Dicho de otro modo, jugar con las palabras permite embellecer la fealdad de lo relatado.
Este fenómeno hizo que la «Niña sombría» se sintiera «Encantada», pues pudo así encontrar belleza en lo que a priori carecía de ella. Esto, que se aleja de lo normal, es una «Divina Insania» que se ve amenazada por «el Peligro de estar cuerda». Cuando esta capacidad de sentir lo extraordinario en lo ordinario empieza a desaparecer, llega el momento de tomar el «Antídoto». Para Emily, en ese instante, uno debe regresar a la escritura o a la lectura que lo emociona. Metafóricamente, ha llegado la hora de volver a los «Tomos de Sólida Brujería».
A lo largo de El peligro de estar cuerda, Rosa Montero reproduce más fragmentos que —como el poema de Dickinson— alterna con sus vivencias personales y con los datos científicos y estadísticos que recopiló durante el proceso de investigación previo a la escritura del libro. De este modo, aclara con sencillez la relación entre creatividad y locura, recurriendo a los grandes nombres de la literatura, las ciencias y las artes que han convivido con algún trastorno mental y complementando su caso con el de otros personajes menos conocidos.
Rosa Montero utiliza su voz para, como narradora en primera persona, confiarnos aquellos detalles de su vida particular que guardan relación con el tema del libro. Ello hace que la prosa diste de ser una mera amalgama de datos. Como cabe esperar, la autora incluye cifras, pero el verdadero valor no son los números en sí mismos, sino la reflexión que la escritora madrileña formula a partir de ellos y a partir de las investigaciones y los estudios que, sobre el cerebro humano, los profesionales han venido realizando.
A menudo, las conclusiones de dichos estudios se han publicado en libros especializados de psiquiatría y disciplinas afines. Este largo etcétera de fuentes ha ayudado a que El peligro de estar cuerda logre su objetivo: reivindicar el derecho a tener peculiaridades inofensivas que nos hacen humanos (pues todos, en mayor o menor medida, tenemos nuestras «manías») y llamar la atención de quienes nos consideramos normales sobre los trastornos mentales graves, que se han convertido en la normalidad de otros.
Los «libros diálogo»
Esta obra de Rosa Montero es lo que yo llamo un «libro diálogo». Su argumento se construye del mismo modo en que lo hace una conversación entre dos personas. Ciertamente, se produce una interacción entre el escritor y el lector. En este flujo de información, Rosa Montero aborda temas muy importantes que nos atañen a todos como individuos que formamos parte de un colectivo llamado «sociedad». El hilo conductor es, en todo momento, la relación entre la locura y la creatividad. Para entender la forma en que el cerebro de las mentes creativas funciona, Rosa se embarca en una lectura sistemática de varias investigaciones, tras la cual analiza y reflexiona sobre lo leído antes de expresarlo por escrito en El peligro de estar cuerda.
Sin que se cometa el error de romantizar trastornos mentales tan graves como la esquizofrenia, el libro invita al lector a tomar conciencia sobre cómo las alteraciones en la salud mental requieren especial atención y cuidado. Con un lenguaje libre de florituras, R. M. nos recuerda que la locura y la normalidad están sujetas a un rango de rarezas y excentricidades permisibles. Cuanto se sale de este intervalo, deja de verse como normal.
Asimismo, matiza que las personas con trastornos mentales también pueden razonar de una manera lógica en un momento dado. A propósito de esto, la autora cita con gran tino a William Shakespeare:
Es una lástima que los locos no tengan derecho a hablar sensatamente de las locuras de la gente sensata.
La propia autora abre su libro con estas líneas:
Siempre he sabido que algo no funcionaba bien dentro de mi cabeza.
A estos renglones, los sigue un recuerdo de su infancia: una pequeña manía algo peculiar y anecdótica. Cuando era una niña, Rosa temía chupar un calderito de cobre que había en su casa. Este miedo se intensificaba con el pavor a levantarse sonámbula para chuparlo. Aunque ni era sonámbula ni se iba a envenenar por chupar el calderito de cobre, la inquietud persistía. Rosa utiliza esta anécdota para recordarnos que ser un pelín raritos, a poco que uno se fije bien en los demás, no resulta tan excepcional.
La vida es una constante reescritura del ayer. Una deconstrucción* de la niñez.
* Deconstruir: Deshacer analíticamente algo para darle una nueva estructura.
(Diccionario de la RAE)
La vida consiste en romper los esquemas que nos hemos forjado para armarlos de nuevo bajo otra óptica. Este asunto de la niñez lo retoma más adelante en el libro, cuando cita numerosos casos de escritores cuyas infancias se han visto impulsadas hacia una madurez más temprana de lo que cabría esperar. Esta infancia (adulterada en todos los sentidos) conduce a un desdoblamiento del autor, que se divide en el adulto que sabe los pormenores de lo que le sucedió en la infancia, pero no siente nada, y en el niño que ha tenido que asumir el rol de aquellos adultos que no supieron gestionar la situación que sesgó su infancia.
Dicho trauma infantil es el denominador común de muchos escritores. Es lo que provee a estos autores de la fuerza que necesitan para seguir escribiendo. En este punto, Rosa establece una correlación entre el niño-adulto omnisciente que fue el escritor en su infancia y el niño que ha crecido (ya únicamente adulto) y que ha tomado la suficiente distancia como para no sentir nada y relatar su historia al lector como lo haría un narrador externo.
En El peligro de estar cuerda, hay muchas ideas claves que resaltar. Tal y como yo lo veo, la primera de todas ellas es la normalidad de la anormalidad. El primer capítulo recoge que hay personas con y sin trastornos mentales, y que estos últimos pueden ser leves o graves. Ahora bien, lo que se dice ser una persona absolutamente normal... eso es harina de otro costal: nadie lo es, porque la normalidad es un tanto relativa. Tal y como explica el libro, la normalidad es un conjunto de rangos, de intervalos, de valores mínimos y máximos que corresponden a muchos parámetros y que se traducen en estadísticas. Dicho de otra forma, no hay una sola persona que cumpla a rajatabla las estadísticas de normalidad y mucho menos cada uno de los parámetros analizados.
Una vez entendemos que la normalidad es estar en un rango (sólo se consideran normales las peculiaridades que oscilan dentro de un intervalo con el que, en general, estaríamos todos de acuerdo), el siguiente paso es entender qué vínculo puede darse entre la creatividad y los trastornos mentales, un interrogante que creo que dejará de ser tan «interrogante» tras leer el libro.
La poda cerebral. Cuando el cerebro es árbol
Como hace un buen investigador, al final del libro, la periodista y escritora R. M. refiere todas las fuentes que ha consultado. No obstante, para que no tengamos que leer una por una las obras que menciona, R. M. sintetiza y condensa toda esta información, que puede resumirse como sigue.
El cerebro de la persona creativa conserva conexiones que no se han «podado» conforme lo haría un cerebro común. El cerebro tarda años en madurar. Actualmente, se estima que ni siquiera ha completado su desarrollo a los 30 años. Las conexiones que no se han eliminado durante este proceso coincidirían con las de los niños y con las que conservan las personas inmaduras, las personas creativas y las personas con trastornos mentales. Estos dos últimos grupos son en los que Rosa Montero se centra.
«La tormenta perfecta»
La diferencia entre una mente creativa y una mente con trastorno mental —ya que compartirían las conexiones que no se han podado— estaría, aparte de en la posible predisposición genética, en las sustancias químicas que pululan por el organismo y en el nivel en que éstas se encuentran presentes. Rosa menciona como ejemplo ilustrativo el estrés, que aumenta la cortisona, una hormona que repercute negativamente en las neuronas que regulan la voluntad de vivir. Se produce así un proceso biológico que afecta al cerebro y que conduce a los trastornos mentales y a los suicidios.
Aun así, la autora matiza que, para que se manifiesten los temidos trastornos, hace falta que confluyan varios factores, los responsables de lo que ella llama «la tormenta perfecta». Entre estos factores, están los ambientales (el entorno). También matiza que tener un trastorno mental no es incompatible con ser una persona creativa, pues una condición no excluye la otra. Eso sí, la capacidad que la persona tiene para expresar su creatividad dependerá de la gravedad del trastorno y de los efectos secundarios que los medicamentos suelen producir en estos casos. Muchos fármacos nublan la mente de los pacientes.
El peligro de estar cuerda no es un libro técnico, sino de reflexión. Lo importante es que el lector se quede con esta idea: cabe la posibilidad de que la persona creativa sea más susceptible de desarrollar trastornos porque, tras el proceso de poda cerebral, habría conservado las conexiones a las que debe su creatividad y que, cuando hay trastornos, son precisamente las que se verían alteradas.
Los profesionales que defienden esta explicación saben que no todas las personas creativas tienen trastornos mentales, igual que tampoco todas las personas con trastornos mentales son creativas. De hecho, aclaran que el trastorno que la persona creativa padecería en estos casos no podría ser tan grave como para incapacitar su creatividad. Si fuera un trastorno sumamente severo, la creatividad se vería mermada o anulada por completo.
Sylvia Plath y los yonquis de Rosa Montero
A lo largo de El peligro de estar cuerda, Rosa Montero recopila casos reales de trastornos mentales que tanto hombres como mujeres —todos ellos, escritores de profesión— vivieron en primera persona. De un modo sutil, la autora nos invita a identificarnos con ellos, con el miedo que estas mentes creativas sentían hacia su propia locura.
El paciente puede encontrarse solo: ¿quién, que no padezca un trastorno similar, puede ponerse en su piel y experimentar lo que ve, oye y siente cuando sucumbe a un brote psicótico, por ejemplo, de esquizofrenia? Aquí, la escritura y la expresión artística juegan un papel importante: son el medio que pueden utilizar para exteriorizar sus emociones; son una vía terapéutica. Escribir se convierte en una necesidad que, lamentablemente, a muchos escritores y artistas les quedó vedada a causa de los medicamentos y los fuertes tratamientos que nublan el pensamiento y la cognición.
El caso de Sylvia Plath es sobrecogedor: una poetisa (madre de dos niños) que decide suicidarse metiendo la cabeza en el horno. Es posible que su temor a acabar con la vida de sus hijos la empujara definitivamente a quitarse de en medio para dejar de suponer un peligro para ellos. Quizás temía que su trastorno, que iba in crescendo, sólo sirviera para aniquilarlos. La propia Sylvia comentaba que, a veces, era incapaz de escribir ni una línea después de los electrochoques que le aplicaban.
Los trastornos mentales no entienden de ámbitos. Los de ciencias también han visto su salud afectada a este nivel. He aquí la razón por la que muchos enfermos temían los tratamientos de los hospitales psiquiátricos: no sólo no les curaban la enfermedad, sino que acababan con su aptitud para escribir, investigar, calcular, pensar...
Privarlos de su medio de expresión, ya fuera la escritura o cualquier otra tarea que les sirviera para mantener su mente activa, empeoraba la situación. Sin ir más lejos, las conocidas «curas de reposo» agravaban el trastorno. Como curiosidad, apunto que aún hoy se sigue utilizando el electrochoque (aunque de bajo voltaje).
Para responder al interrogante sobre por qué los autores escriben, Rosa Montero cita a Emmanuel Carrère:
Quizá lo más interesante de la vida es intentar saber esto: qué se siente al ser otro distinto de uno. Es uno de los motivos que incitan a escribir libros, otro es el de descubrir lo que significa ser uno mismo.
Escribir como ejercicio de empatía. Puede que esta necesidad de entenderse a uno mismo y al resto empuje a los escritores a escribir. Rosa Montero menciona como ejemplo a Carmen Laforet, para quien sentir la comprensión y aceptación de sus lectores fue importante. También puede que este aparente afán de comunicación y entretenimiento se deba al poder que la literatura confiere al autor y al lector: la posibilidad de vivir más vidas e interpretar más papeles que los asignados.
Para Rosa, Charles Bukowsky es uno de los «yonquis de la intensidad». Muchas mentes creativas han recurrido a las drogas para escribir, para encontrar inspiración, pero estas mismas sustancias que inhiben su parte racional e impulsan la «imaginación» (yo diría que, más bien, impulsan las alucinaciones) son las que, conforme pasa el tiempo, perjudican sus obras y deterioran todavía más su salud mental y física.
El afán por ponerle nombre y apellidos a la perfección
Algunos de los nombres que se mencionan en este libro pertenecen a personas altamente sensibles (PAS). Otros pertenecen a personas realmente exigentes que, PAS o no, buscan la perfección: ese ente abstracto que Rosa Montero califica como una «obsesión» y que unos cuantos utilizan para asirse a la vida, para tener un propósito. Como siempre hay algo que perfeccionar, la perfección se convierte en un objetivo constante para el perfeccionista.
Ursula K. Le Guin explica muy bien en qué consiste este perfeccionismo obsesivo:
Hay algo del tamaño de un guisante seco que no he escrito. Que no he escrito bien. No puedo dormir.
Otro de los temas que Rosa Montero toca en su novela es el suicidio. Según las estadísticas, el suicido se duplica en los escritores. Sylvia Plath, Virginia Woolf y Emilio Salgari (se hizo el harakiri) forman parte del grupo.
Dicen que todos tenemos un doble
A lo largo de El peligro de estar cuerda, Rosa Montero relata en paralelo un hecho insólito que tuvo lugar en su vida. Esta es la historia de una obsesión que empieza en una época en la que aún no había móviles y que termina en la era actual. Es la vivencia real de la autora y de su doble, una mujer que se hizo pasar por ella en repetidas ocasiones.
Opinión personal
Desde mi punto de vista, El peligro de estar cuerda es un libro escrito con respeto. Ha sido redactado con una subjetividad que se asienta sobre los datos objetivos (cifras y estadísticas) que la autora refiere.
Rosa Montero induce a la reflexión: el lector adquiere conciencia del valor que tiene la salud mental, a la par que asimila que los trastornos mentales no son algo ajeno al ser humano. Además, en el libro, también se reivindica el papel de la escritura como una «herramienta terapéutica» efectiva.
Para la mayor parte de los escritores, escribir es darle un sentido a la vida. Se podría decir que un texto, una novela, una obra cualquiera ha de ser en sí misma orgánica y adquirir vida, fluctuar del mismo modo en que las emociones del autor lo hacen: en mutua consonancia con sus experiencias personales y/o con las de sus personajes. Y yo creo que Rosa Montero ha logrado convertir esta «novela ensayada» en un ser que expresa emociones, siente y hace sentir.
Considero que la lectura de El peligro de estar cuerda puede ayudar a «normalizar» algunas «rarezas» que, en mayor o menor medida, todas las personas tenemos. También opino que contribuye a esbozar, de una forma fácilmente entendible por todos, la complejidad de los trastornos mentales, los cuales ya no pueden considerarse simples rarezas que tomarse a la ligera.
Como Rosa Montero dice, las biografías son cartas de navegación. Precisamente en este libro, que contiene un buen compendio de personajes célebres, el lector puede encontrar valiosas lecciones que quizás ayuden a que su embarcación no zozobre.
Información complementaria
Otros libros de «no ficción» sobre trastornos mentales
En octubre de 2023, leí La historia de los vertebrados (Mar García Puig); otro libro muy recomendable que me ha recordado a El peligro de estar cuerda, por su dinámica y su estilo de «novela ensayada» o «ensayo novelado».
En este caso, la autora realiza un recorrido a lo largo de varias generaciones de mujeres que, en las diferentes etapas de la historia, se han visto afectadas por la «locura puerperal». Mar García Puig relaciona las vivencias de estas mujeres, y la manera en que el entorno próximo a cada una de ellas actuó, con su propio testimonio en primera persona, como madre de dos mellizos y como mujer trabajadora también fuera del hogar.
Así pues, dejo aquí los tres libros que, a propósito de la literatura de «no ficción» sobre trastornos mentales, yo recomendaría leer:
1. El peligro de estar cuerda (Rosa Montero): Relación entre creatividad, inteligencia y locura, y el efecto terapéutico de la escritura según la propia autora.
2. La historia de los vertebrados (Mar García Puig): La locura puerperal y los trastornos mentales posparto desde la perspectiva de una madre que los vivió en primera persona.
3. Nada se opone a la noche (Delphine de Vigan): La escritora francesa reconstruye la infancia, juventud y adultez de su madre (afectada por la bipolaridad).
A propósito del libro: anotaciones al margen
He decidido incluir en la reseña una serie de apuntes que, por no estar segura de cómo hacerlos encajar con lo ya referido, agrupo aquí.
Un ejemplo de mente creativa con trastorno mental
Yayoi Kusama es una artista japonesa que ha encontrado en el arte una manera de canalizar sus obsesiones y compulsiones. Sus obras, compuestas a base de puntos de colores que se reiteran y prolongan hasta un aparente infinito, son una prueba de ello.
Tener apoyo y dejar de ser un «loco»
Rosa Montero dice:
Si tienes gente que te apoya, no estás loco. La locura es una ruptura de la narración colectiva.
Visto así, este enunciado puede entenderse de varias maneras, que pueden coincidir o no con la visión de la autora o con la de cualquier otra persona que, sin más contexto, se encuentre frente a la misma frase. Comparto mis interpretaciones particulares.
La etiqueta de «loco», aparte de designar a quienes objetivamente lo están, se podría aplicar injustamente a personas perfectamente cuerdas que defienden una postura que no encaja en la corriente de pensamiento predominante. Tachar de loco a alguien que quiebra esa «narración colectiva» (eso que consideramos «normal») es suficiente para denigrar a quien, sin tener apoyo social, rompe el relato que asumimos como válido aun cuando esa persona está en lo cierto y el resto, en un error.
Otra interpretación que me sugiere la frase de Rosa Montero es la siguiente: aunque las ideas de la persona sean un despropósito, y la persona sea en sí misma un peligro potencial para la vida de otros, si hay quienes comparten sus ideas y le brindan su apoyo, entonces el loco deja de serlo para aquellos que apoyan su causa. Esto se debería a que las ideas del susodicho no rompen la «narración colectiva» de esa mayoría/minoría ideológicamente afín, que es la que lo apoya. Por ende, para sus seguidores, no es ningún loco.
Extractos de una entrevista
Rosa Montero aludió a un estudio de la Universidad de Yale cuando dijo:
La normalidad no es más que una media estadística, entonces no hay nadie que atine en todos los parámetros con la media estadística. Nadie en el mundo. Todos tenemos divergencias con la media estadística, unos más que otros, no cabe duda. [...] lo que existe es una amplísima gama de rarezas.
Lo normal es, por tanto, tener rarezas. Con todo y con eso, se entiende que, para determinar la salud mental y el sano juicio de alguien, se valora si estas «rarezas» están dentro de determinados límites o, por el contrario, se salen de lo admisible. Insisto en que El peligro de estar cuerda no es un libro que deba abordarse bajo la óptica del psicópata asesino cuya «rareza» está justificada por ser una excepción frente a todas aquellas otras personas que no asestan puñaladas a diestro y siniestro. Entender el libro como una justificación de que todo lo que se sale de la norma es permisible sería un error por parte del lector.
En la misma entrevista, R. M. indica sobre España:
«[...] somos uno de los países con más uso de fármacos porque, donde no hay psicólogos, "pastillazo". "Pastillazo" al canto cuando no tienes una terapia verdadera. Eso es una vergüenza y necesitamos invertir dinero ahí claramente como país».
Nada más que decir. Creo que Rosa Montero hace una descripción bastante exacta de la realidad.
¿Por qué escribe realmente un escritor?
El escritor escribe para expresarse pero, sobre todo, para comunicarse. El propósito está en que, todo cuanto escriba, alguien pueda leerlo en un momento dado y, de ser posible, identificarse con cuanto dice. Las afirmaciones que Rosa Montero realiza sobre esta apremiante necesidad del autor se pueden aplicar a, prácticamente, cualquier persona:
[...] buscando siempre el aprecio y el halago; por eso somos tan terriblemente frágiles ante las críticas. Porque nos jugamos la aceptación en el mundo, la posibilidad de ser «normales», la supervivencia y la cordura. Era lo que decía John Nash cuando hablaba de Zaratustra. Si cuentas con seguidores, si hay gente que piensa como tú, todo funciona. [...] Pero me parece que es justo lo contrario [no es ni vanidad ni narcisismo], y que esa necesidad de reconocimiento nace de una colosal inseguridad. Lo que le dio literalmente la vida a [Carmen] Laforet (un segundo de vida por lo menos) fue la noticia de que alguien la leía y la entendía.
La necesidad de reconocimiento no siempre se debe a la vanidad o al narcisismo, sino a una inseguridad que las críticas, cuando son positivas y a nuestro favor, calman, porque el aprecio y el halago reconfortan y desprenden aceptación. Ello hace más llevadera la tensión de sobrevivir en un mundo que puede llegar a ser muy hostil.
Reescribir el ayer es reescribir la infancia
En El peligro de estar cuerda, Rosa Montero incluye una reflexión magnífica que deberíamos grabarnos todos a fuego:
La vida es una constante reescritura del ayer. Una deconstrucción de la niñez.
A partir de esta afirmación de Rosa Montero, podríamos decir que la vida es reescribir la infancia, porque «el ayer» al que ella se refiere es «la niñez». Esto se ve mejor al leer el libro, donde aparecen varios fragmentos que refuerzan esta equivalencia entre «ayer» e «infancia».
Otras reseñas extensas
Agradecimientos
[...] decía Cervantes: saber sentir es saber decir. Palabras de Luis Landero en su libro El huerto de Emerson. Yo espero haber sabido decir lo que esta lectura me ha hecho sentir. Muchas gracias, visitante, por dedicar tiempo a este blog. ¡Nos vemos en la siguiente ocasión!
